PedíAcá
El food truck encendido al atardecer con la fila relajada del pedido listo

Para food trucks

Tu ubicación cambia. Tu link, no.

El food truck se mueve; el link queda fijo en tu Instagram y en tu ficha de Google. Avisar dónde estás hoy, recibir los pedidos antes de que llegue la fila y cobrar sin comisión — con tu marca, no la de una app.

Gratis para empezar. Sin tarjeta.

Hoy acá, mañana allá

El negocio se mueve, pero el cliente necesita un lugar fijo donde encontrarte

El food truck vive de la rotación: el mediodía en la zona de oficinas, el finde en la feria, un evento privado en el medio. El problema es que el cliente que te descubrió el sábado no sabe dónde estás el martes, y preguntarlo por mensaje escala mal. Lo único que no se mueve es tu link.

La página de PedíAcá es esa ancla: vive en la bio de Instagram y en la ficha de Google, y desde el panel se publica un anuncio destacado — «Hoy estamos en la costanera, de 11 a 15» — que el cliente ve antes que nada al abrirla. El menú, los horarios del día y el aviso de ubicación en un solo lugar que no cambia nunca, aunque el camión cambie todos los días.

Tu página, tu ancla

Un link propio con tu marca, tus horarios y tus avisos — el punto fijo de un negocio que se mueve.

El mediodía dura una hora

La fila del mediodía se cobra antes de que se forme

La ventana real de venta de un food truck de mediodía es brutal: la gente sale a las doce, hace la fila, y a las dos ya no hay nadie. Cada minuto de fila es un cliente que mira la cola, calcula, y sigue de largo hacia el local de al lado. La plancha rinde lo mismo, pero la fila decide cuánto se vende.

Con el pedido anticipado esa cuenta cambia: el cliente pide desde la oficina, elige la hora de retiro, y pasa a buscarlo sin hacer la fila. Para el truck, los pedidos del pico entran ANTES del pico — la plancha arranca a las once y media con la cola de pedidos ya cargada, y la ventana de venta se estira una hora para atrás sin sumar manos.

Pedir antes, retirar a horario

El cliente elige el día y la hora de retiro, sólo dentro de tus horarios reales — el pico se cobra antes de que llegue.

Sin salón, sin mozos

Todo pasa por una ventana, y la ventana no puede ser también el call center

En un food truck la misma persona que cobra es la que despacha, y muchas veces la que cocina. Cada pedido que entra por WhatsApp mientras hay tres personas en la ventana es una interrupción con las manos en la masa: leerlo, contestarlo, anotarlo en algún lado, y que no se pierda entre los mensajes de la tarde.

Acá el pedido entra solo al panel, suena hasta que alguien lo acepta, y baja a la comanda con todo: el armado, los agregados, la hora de retiro y cómo paga. La ventana atiende a la persona que tiene enfrente; los pedidos del teléfono se atienden solos. Y si un ingrediente se termina a mitad del servicio, el plato se apaga con un toque y deja de venderse al instante.

La comanda, ordenada

Los pedidos entran a una cola por hora de retiro, con el armado literal — la plancha trabaja en orden, sin papeles perdidos.

El festival no avisa

El festival es la mejor noche del mes — si el freno existe

En una feria o un festival el volumen no se parece en nada al de un mediodía normal: puede entrar en dos horas lo que un martes entero. La tentación es tomar todo, y el error clásico es tomar más de lo que la plancha puede sacar, con la fila mirando cómo los tiempos prometidos se vencen.

Por eso el freno es parte del sistema: cuando la cola de pedidos supera lo que el truck puede despachar, se pausa la recepción con un toque — la página avisa honesto que el local está a full en vez de aceptar pedidos que van a salir fríos y tarde. Se despeja la plancha, se reabre, y la reputación queda entera para el próximo evento.

Que el del festival vuelva

El que te probó en la feria es un cliente de una sola vez — salvo que los sellos y tu base de clientes lo traigan de vuelta al punto de siempre.

Antes de empezar

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